From the Research
Para un niño de 2 años, se recomienda desparasitar cada 6 meses como medida preventiva, aunque esto puede variar según el entorno y los factores de riesgo del niño. Los medicamentos comunes para desparasitar a los niños incluyen albendazole (dosis única de 400mg) o mebendazole (100mg dos veces al día durante 3 días), pero la medicación y la dosis específicas siempre deben ser determinadas por un proveedor de atención médica en función del peso y el estado de salud del niño 1. Antes de administrar cualquier medicamento para desparasitar, es importante consultar con un pediatra que pueda evaluar si el desparasitamiento es necesario y prescribir el tratamiento adecuado. El desparasitamiento regular ayuda a prevenir infecciones parasitarias intestinales que pueden causar deficiencias nutricionales, retrasos en el crecimiento y otros problemas de salud en niños pequeños. Los niños que asisten a guarderías, juegan en suelo con frecuencia, tienen mascotas o viven en áreas con mala sanidad pueden necesitar desparasitarse con más frecuencia. Es importante seguir prácticas de higiene adecuadas, como lavarse las manos antes de las comidas y después de usar el baño, para reducir el riesgo de infecciones parasitarias.
Algunos estudios han demostrado que la combinación de albendazole con ivermectina o oxantel pamoato puede ser más efectiva que el albendazole solo para tratar infecciones por Trichuris trichiura y otros helmintos transmitidos por el suelo 2. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la efectividad de estos tratamientos puede variar según la región y la población estudiada. En general, se recomienda que los niños que viven en áreas con alta prevalencia de infecciones por helmintos transmitidos por el suelo sean desparasitados regularmente, preferiblemente cada 6 meses, para prevenir la morbilidad y la mortalidad asociadas con estas infecciones 3, 4.
Es importante destacar que la prevención es clave en el control de las infecciones por helmintos transmitidos por el suelo, y que las medidas de higiene y saneamiento adecuadas pueden reducir significativamente el riesgo de infección. Por lo tanto, se recomienda que los padres y cuidadores tomen medidas para prevenir la exposición de los niños a los helmintos transmitidos por el suelo, como lavar las manos frecuentemente, evitar el contacto con suelo contaminado y asegurarse de que los niños tengan acceso a instalaciones sanitarias adecuadas.