From the Research
El manejo inicial de una fístula entero-entero se centra en la estabilización, el soporte nutricional y el abordaje de complicaciones antes de considerar un tratamiento definitivo. La evaluación de la estabilidad hemodinámica del paciente es crucial, con resucitación de fluidos y corrección de electrolitos según sea necesario. El soporte nutricional es fundamental y generalmente implica nutrición parenteral total (TPN) para permitir el descanso intestinal mientras se mantiene una ingesta calórica adecuada. El control de la infección con antibióticos de amplio espectro (como piperacillin-tazobactam 3.375g IV cada 6 horas o meropenem 1g IV cada 8 horas) está indicado si está presente la sepsis. La drenaje de cualquier absceso puede ser necesario, a menudo utilizando técnicas percutáneas guiadas por imágenes. La gestión de la medicación incluye inhibidores de la bomba de protones (como pantoprazol 40mg diario) para reducir la secreción de ácido gástrico, y la octreótida (100-200 mcg subcutáneamente tres veces al día) puede ayudar a disminuir las secreciones intestinales en fístulas de alto rendimiento. La protección de la piel alrededor del sitio de la fístula es importante para prevenir la excoriación. Este enfoque conservador permite el cierre espontáneo en muchos casos, particularmente en pacientes bien nutridos sin obstrucción distal, cuerpos extraños o enfermedad inflamatoria intestinal activa. La intervención quirúrgica definitiva generalmente se retrasa durante 3-6 meses a menos que complicaciones como sepsis, peritonitis o obstrucción intestinal completa requieran una intervención más temprana, según se menciona en 1.
Algunos estudios han demostrado la eficacia de la octreótida en la reducción del rendimiento de la fístula y la aceleración del cierre espontáneo, como se muestra en 2. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la calidad de la evidencia varía y que cada caso debe ser evaluado individualmente. La experiencia clínica y las guías actuales sugieren que el enfoque conservador es el más adecuado para la mayoría de los pacientes con fístulas entero-entero, siempre y cuando se aborden las complicaciones de manera oportuna y se considere la intervención quirúrgica cuando sea necesario. La elección del tratamiento debe basarse en la evaluación cuidadosa de cada paciente y en la consideración de los riesgos y beneficios potenciales de cada opción terapéutica, como se discute en 3, 4 y 5.