From the Guidelines
La epilepsia en adultos mayores se presenta de manera diferente a la de los adultos jóvenes, con crisis focales más comunes que las crisis generalizadas, y el tratamiento debe ser individualizado con el objetivo de lograr la libertad de crisis mientras se mantiene la calidad de vida y se minimizan los efectos secundarios. La definición de epilepsia según la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE) incluye tener al menos dos crisis no provocadas que ocurren más de 24 horas aparte, o una crisis no provocada y una probabilidad de crisis adicionales similar al riesgo general de recurrencia después de dos crisis no provocadas, ocurriendo en los próximos 10 años, o el diagnóstico de un síndrome de epilepsia 1. La epidemiología muestra que la epilepsia activa afecta al 1.2% de la población de los Estados Unidos, lo que corresponde a aproximadamente 3.4 millones de personas, y se estima que alrededor del 10% de la población experimenta al menos una crisis epiléptica durante su vida 1.
En cuanto a la clasificación, las crisis se clasifican en de inicio focal, de inicio generalizado o de inicio desconocido, según la clasificación de la ILAE revisada en 2017 1. Las crisis focales pueden ser más comunes en adultos mayores y pueden presentarse con síntomas como confusión, lagunas de memoria, mareo o disturbios sensoriales en lugar de convulsiones clásicas. El diagnóstico implica un enfoque integral que incluye historia médica detallada, examen neurológico, electroencefalograma (EEG) y neuroimagen como MRI para identificar causas estructurales como accidente cerebrovascular, tumor o enfermedad neurodegenerativa.
El tratamiento generalmente comienza con monoterapia utilizando medicamentos anti-convulsivos (ASMs) a dosis más bajas que las utilizadas en adultos más jóvenes, con titulación gradual para minimizar los efectos secundarios. Los medicamentos de primera línea incluyen levetiracetam, lamotrigina o lacosamida, preferidos por sus perfiles de efectos secundarios favorables, interacciones medicamentosas mínimas y dosificación de una o dos veces al día 1. La selección de medicamentos debe considerar comorbilidades, medicamentos concomitantes y posibles efectos secundarios. Los adultos mayores son más susceptibles a efectos adversos, incluyendo deterioro cognitivo, mareo y disturbios de la marcha, por lo que es esencial "empezar bajo, ir despacio". La monitorización regular de los niveles de medicamentos, la función renal y hepática, y los electrolitos es importante. El tratamiento debe ser individualizado, con el objetivo de lograr la libertad de crisis mientras se mantiene la calidad de vida y se minimizan los efectos secundarios.
Algunos estudios recientes, como el publicado en la revista Annals of Emergency Medicine en 2024, abordan la política clínica para el manejo de pacientes adultos que presentan crisis en el departamento de emergencias, destacando la importancia de la evaluación y el manejo adecuados para prevenir complicaciones y mejorar los resultados de los pacientes 1. La educación del paciente sobre la adherencia a los medicamentos, las precauciones para las crisis y el reconocimiento de los signos de advertencia de las crisis es crucial para el manejo efectivo.
Algunas consideraciones importantes en el manejo de la epilepsia en adultos mayores incluyen:
- La evaluación integral de la salud del paciente, incluyendo la historia médica, el examen neurológico y los estudios complementarios necesarios.
- La selección de medicamentos adecuados, considerando la edad, las comorbilidades y los posibles efectos secundarios.
- La monitorización regular de los niveles de medicamentos y los efectos secundarios.
- La educación del paciente y sus familiares sobre el manejo de la epilepsia y la prevención de lesiones.
- La consideración de las necesidades individuales y las preferencias del paciente en el plan de tratamiento.
En resumen, el manejo de la epilepsia en adultos mayores requiere un enfoque integral y individualizado, considerando las necesidades y preferencias del paciente, y con el objetivo de lograr la libertad de crisis mientras se mantiene la calidad de vida y se minimizan los efectos secundarios.