From the Guidelines
El diagnóstico de la cirrosis requiere una combinación de evaluación clínica, pruebas de laboratorio, estudios de imagen y, a veces, biopsia hepática, siendo la elastografía por resonancia magnética (MR) la técnica más precisa para diagnosticar la cirrosis y sus estadios intermedios, según lo reportado en 1. La cirrosis es una condición grave que puede ser causada por diversas enfermedades hepáticas crónicas, incluyendo la enfermedad del hígado graso no alcohólico, la hepatitis C, la hepatitis B, la enfermedad del hígado relacionada con el alcohol, la colangitis esclerosante primaria, la hepatitis autoinmune, entre otras. Estas enfermedades pueden progresar a la fibrosis hepática y la cirrosis, con complicaciones asociadas como la hipertensión portal, la hemorragia gastrointestinal, el ascites refractario, la encefalopatía hepática y el cáncer primario de hígado.
Algunos de los signos y síntomas que pueden indicar la presencia de cirrosis incluyen:
- Ictericia
- Ascites
- Angiomas arácnidos
- Eritema palmar
- Hepatomegalia Las pruebas de laboratorio pueden incluir:
- Pruebas de función hepática (AST, ALT, fosfatasa alcalina, GGT)
- Niveles bajos de albúmina
- Tiempo de protrombina prolongado
- Bilirrubina elevada
- Recuento de plaquetas reducido Los estudios de imagen como la ultrasonografía, la tomografía computarizada (CT) o la resonancia magnética (MRI) pueden revelar una superficie hepática irregular, un aspecto nodular y signos de hipertensión portal.
La elastografía transitoria (FibroScan) es un método no invasivo para evaluar la rigidez hepática, con valores por encima de 14 kPa que sugieren fuertemente la cirrosis, según lo reportado en 1. Sin embargo, la biopsia hepática sigue siendo el estándar de oro para el diagnóstico definitivo, aunque no siempre es necesaria si otros hallazgos son concluyentes. La puntuación de Child-Pugh y la puntuación de MELD se utilizan para evaluar la gravedad de la enfermedad y el pronóstico.
Es importante destacar que la elastografía por resonancia magnética (MR) es la técnica más precisa para diagnosticar la cirrosis y sus estadios intermedios, según lo reportado en 1. Además, la ultrasonografía es la modalidad de vigilancia recomendada por las guías internacionales en casi todas las circunstancias para pacientes con fibrosis avanzada en riesgo de carcinoma hepatocelular (HCC), aunque en pacientes en los que la ultrasonografía no evalúa bien el hígado, incluyendo aquellos con esteatosis severa o obesidad, la tomografía computarizada (CT) o la resonancia magnética (MRI) multifásica pueden tener un papel en la vigilancia del HCC, según lo reportado en 1.
From the Research
Diagnóstico de Cirrosis
- El diagnóstico de cirrosis se basa en una combinación de historia clínica, examen físico y pruebas no invasivas, que incluyen análisis de laboratorio, índices de puntuación y técnicas de imagen como la ultrasonografía y la elastografía transitoria 2, 3.
- La biopsia hepática sigue siendo el estándar de referencia para el diagnóstico de cirrosis y se debe utilizar cuando los resultados de las pruebas no invasivas son indeterminados, cuando la etiología de la enfermedad hepática es desconocida o cuando el resultado puede alterar el manejo del paciente 2, 4.
- Las pruebas serológicas y radiográficas no pueden diagnosticar cirrosis con precisión, por lo que se requiere una evaluación más dirigida en pacientes con resultados de pruebas de función hepática persistentemente anormales 4.
- Los signos físicos de cirrosis, como la hepatomegalia, la esplenomegalia, la ictericia, la ascitis, la encefalopatía y las venas dilatadas de la pared abdominal, pueden ser indicativos de la enfermedad, pero su sensibilidad es generalmente baja 5, 6.
- La evaluación del paciente con cirrosis debe incluir la búsqueda de complicaciones relacionadas con la cirrosis, como el carcinoma hepatocelular, la ascitis, la peritonitis bacteriana espontánea, la encefalopatía hepática y las varices esofágicas 2, 3.