From the Research
En Chile, un médico general que maneja a un paciente pediátrico con hepatitis aguda debe reconocer la condición, proporcionar evaluación y estabilización inicial antes de derivar al paciente a un especialista, y su manejo debe incluir apoyo nutricional, hidratación adecuada y monitoreo de complicaciones. El médico general debe obtener una historia médica completa, realizar un examen físico enfocado en la ictericia, hepatomegalia y signos de disfunción hepática, y ordenar pruebas de laboratorio adecuadas, incluyendo pruebas de función hepática (ALT, AST, bilirrubina, fosfatasa alcalina), estudios de coagulación, recuento sanguíneo completo y marcadores de hepatitis viral 1. El manejo inicial incluye asegurar una hidratación adecuada con fluidos intravenosos si es necesario, monitorear complicaciones como coagulopatía o encefalopatía, y evitar medicamentos hepatotóxicos. El apoyo nutricional debe proporcionarse con una dieta equilibrada, evitando el exceso de proteínas en casos graves. El médico debe educar a los padres sobre la enfermedad, la prevención de la transmisión y los signos de advertencia que requieren atención médica inmediata. La derivación oportuna a un gastroenterólogo pediátrico o hepatólogo es esencial, particularmente para casos con disfunción hepática grave, coagulopatía o encefalopatía. El seguimiento debe incluir el monitoreo de las pruebas de función hepática hasta la resolución y asegurar la completitud del calendario de vacunación contra la hepatitis A y B según el programa nacional de inmunización chileno. Este enfoque permite una intervención oportuna mientras se garantiza la atención especializada para enfermedades hepáticas potencialmente graves en niños. Es importante tener en cuenta que la mayoría de los casos de hepatitis aguda son autolimitados, pero es crucial identificar y tratar oportunamente los casos graves para prevenir complicaciones y mejorar los resultados en términos de morbilidad, mortalidad y calidad de vida 2, 3.