From the Research
Administrar 1 litro de fluidos en 1 hora no es una buena conducta para la deshidratación severa en un paciente anciano cardiópata con múltiples comorbilidades. Un enfoque más seguro sería la rehidratación más lenta a 100-150 mL/hora, con un seguimiento cuidadoso de los signos vitales, el estado respiratorio y la producción de orina. Para estos pacientes de alto riesgo, las bolus iniciales deben limitarse a 250-500 mL de cristaloides isotónicos (como solución salina normal al 0,9% o Ringer lactado) durante 30 minutos, seguido de una reevaluación antes de continuar. La administración rápida de fluidos en pacientes cardíacos ancianos riesga precipitar insuficiencia cardíaca aguda, edema pulmonar y sobrecarga de fluidos debido a su reserva cardíaca reducida y su capacidad deteriorada para manejar cambios de volumen. El declive de la función renal relacionado con la edad complica aún más la gestión de los fluidos. Estos pacientes requieren un seguimiento cercano con evaluaciones frecuentes de la presión venosa yugular, los sonidos pulmonares, el edema periférico y, posiblemente, la medición de la presión venosa central en casos graves. El seguimiento de laboratorio de electrolitos, BUN, creatinina y marcadores cardíacos también es esencial durante la rehidratación para prevenir complicaciones y garantizar un tratamiento seguro y eficaz 1, 2. Algunos estudios sugieren que la ingesta de fluidos debe ser de al menos 1.7 litros cada 24 horas para asegurar una hidratación adecuada 1. Sin embargo, en pacientes con enfermedad cardíaca, es crucial evitar la sobrecarga de fluidos, por lo que se debe tener cuidado al administrar fluidos y se debe monitorear de cerca al paciente. En resumen, la rehidratación en pacientes ancianos cardiópatas con múltiples comorbilidades debe ser cuidadosa y personalizada, teniendo en cuenta la reserva cardíaca y la función renal del paciente, y siempre priorizando la monitorización y la evaluación continua para evitar complicaciones. Es importante destacar que la evidencia más reciente y de mayor calidad sugiere que la rehidratación lenta y controlada es la mejor aproximación para estos pacientes 2.
Algunas consideraciones importantes incluyen:
- La monitorización frecuente de los signos vitales y la producción de orina
- La evaluación de la presión venosa yugular, los sonidos pulmonares y el edema periférico
- El seguimiento de laboratorio de electrolitos, BUN, creatinina y marcadores cardíacos
- La administración de fluidos debe ser personalizada y basada en las necesidades individuales del paciente
- La rehidratación debe ser lenta y controlada para evitar la sobrecarga de fluidos y otras complicaciones.