From the Research
La furosemida tiene evidencia limitada que la respalda como tratamiento primario para la hiperkalemia, y debe considerarse como terapia adjunta en pacientes con sobrecarga de volumen. La furosemida, como diurético de asa, puede teóricamente disminuir el potasio sérico aumentando la excreción urinaria de potasio, pero no se considera la terapia de primera línea para el manejo de la hiperkalemia aguda. Algunos estudios han evaluado el papel de la furosemida en el manejo de la hiperkalemia, como el estudio publicado en la revista Schweizerische medizinische Wochenschrift en 1990 1, que sugiere que la furosemida puede ser útil en la corrección de la acidosis metabólica y la hiperkalemia en pacientes con insuficiencia renal crónica. Sin embargo, otros estudios como el publicado en el International journal of cardiology en 2016 2, se centran más en el desarrollo de nuevos tratamientos para la hiperkalemia y no destacan específicamente el papel de la furosemida. En general, la furosemida se administra a dosis de 40-80 mg IV en adultos con función renal normal, con efectos que comienzan dentro de los 30 minutos, y su mecanismo primario implica bloquear el cotransportador Na-K-2Cl en el asa ascendente de Henle, aumentando la excreción de sodio, agua y potasio. No obstante, el manejo estándar de la hiperkalemia debe priorizar el gluconato de calcio para la estabilización de la membrana cardíaca, la insulina con glucosa para el desplazamiento intracelular del potasio, y el sulfonato de poliestireno sódico o el patirómer para la eliminación del potasio. La furosemida debe considerarse como terapia adjunta, particularmente en pacientes con sobrecarga de volumen, en lugar de una intervención primaria para la hiperkalemia, según se sugiere en estudios como el publicado en el American journal of nephrology en 1984 3 y en el Clinical nephrology en 1996 4.