From the Guidelines
La terapia con insulina es el mejor enfoque farmacológico para el control glucémico en pacientes hospitalizados. Para la mayoría de los pacientes hospitalizados, se recomienda un régimen de insulina basal-bolus, que consiste en insulina de acción prolongada (como glargina o detemir) una o dos veces al día para la cobertura basal, más insulina de acción rápida (como lispro, asparto o glulisina) antes de las comidas para la cobertura prandial, y dosis de corrección según sea necesario 1. Las dosis iniciales típicas oscilan entre 0,2-0,5 unidades/kg/día de insulina total, con aproximadamente el 50% como insulina basal y el 50% como insulina prandial, ajustadas según factores individuales. Los objetivos de glucosa en sangre deben ser generalmente de 140-180 mg/dL para la mayoría de los pacientes hospitalizados. Los medicamentos antidiabéticos orales suelen suspenderse durante la hospitalización debido a preocupaciones sobre contraindicaciones en enfermedades agudas, ingesta nutricional variable y posibles efectos adversos. La insulina es preferida porque no tiene techo de dosis, puede ajustarse rápidamente, funciona de manera confiable incluso en pacientes críticamente enfermos y no tiene contraindicaciones excepto la hipoglucemia.
Algunos estudios han demostrado que el régimen basal-bolus mejora el control glucémico y reduce las complicaciones hospitalarias en comparación con los regímenes de insulina de escala variable 1. Además, se ha encontrado que el uso de insulina premezclada no es recomendado para su uso en el hospital debido a un mayor riesgo de hipoglucemia 1. Por lo tanto, el régimen basal-bolus es el enfoque más recomendado para el control glucémico en pacientes hospitalizados, ya que ofrece una mejoría en el control glucémico y reduce las complicaciones hospitalarias.
Es importante tener en cuenta que la planificación para la transición a la alta debe comenzar temprano para asegurarse de que se establezcan regímenes ambulatorios adecuados, considerando los regímenes preadmisión, las necesidades actuales de insulina y las necesidades posteriores al alta. Esto ayudará a garantizar una transición segura y efectiva para los pacientes con diabetes que están siendo dados de alta del hospital.
From the Research
Esquema de Control Glucémico Farmacológico en Pacientes Hospitalizados
El control glucémico en pacientes hospitalizados es crucial para prevenir complicaciones y mejorar los resultados de salud. A continuación, se presentan los hallazgos clave sobre el mejor esquema de control glucémico farmacológico en pacientes hospitalizados:
- Terapia con insulina: La terapia con insulina es el método más apropiado para controlar la glucemia en pacientes hospitalizados, ya que permite una regulación más precisa de los niveles de glucosa en sangre 2, 3.
- Regímenes de insulina: Los regímenes de insulina basal-bolus son preferidos para el control glucémico en pacientes hospitalizados, ya que ofrecen una mejor regulación de los niveles de glucosa en sangre y reducen el riesgo de hipoglucemia 4, 5, 6.
- Insulina intravenosa continua: La insulina intravenosa continua es el método más efectivo para alcanzar los objetivos glucémicos en pacientes críticamente enfermos 3.
- Regímenes de insulina basal-bolus-corrección: Los regímenes de insulina basal-bolus-corrección son efectivos para el control glucémico en pacientes no críticamente enfermos y pueden reducir el riesgo de hipoglucemia 2, 5.
- Comparación con la terapia de insulina en escalera: La terapia con insulina basal-bolus es más efectiva que la terapia de insulina en escalera para el control glucémico en pacientes hospitalizados, ya que ofrece una mejor regulación de los niveles de glucosa en sangre y reduce el riesgo de hipoglucemia 6.
Consideraciones Clínicas
Al seleccionar un esquema de control glucémico farmacológico para pacientes hospitalizados, es importante considerar factores como la gravedad de la enfermedad, la presencia de comorbilidades, la dieta y la medicación concomitante. Además, es fundamental monitorear los niveles de glucosa en sangre y ajustar la terapia según sea necesario para prevenir la hipoglucemia y la hiperglucemia. La comunicación efectiva con el equipo de atención médica y la planificación de la atención al alta son también cruciales para garantizar una transición segura y efectiva del paciente al cuidado ambulatorio.