From the Guidelines
El manejo del síndrome de realimentación requiere un enfoque cauteloso y multifacético, centrado en la rehabilitación nutricional gradual y la corrección de electrolitos. La gestión inicial debe involucrar la identificación de pacientes de alto riesgo (aquellos con pérdida de peso significativa, ayuno prolongado, alcoholismo o desnutrición) y la implementación de una realimentación lenta a aproximadamente 10-20 kcal/kg/día, aumentando gradualmente durante 3-7 días según sea tolerado. El reemplazo de electrolitos es crucial, particularmente fosfato (reemplazo oral a 0,5-0,8 mmol/kg/día o IV sodio/fosfato de potasio para deficiencia severa), potasio (40-80 mmol/día oral o IV según sea necesario para mantener niveles >3,5 mmol/L) y magnesio (óxido de magnesio oral 400-800 mg diarios o IV sulfato de magnesio para casos severos). La suplementación de tiamina (200-300 mg diarios durante 3-5 días, luego 100 mg diarios) debe administrarse antes de iniciar la alimentación para prevenir la encefalopatía de Wernicke. El monitoreo diario de electrolitos séricos, especialmente fosfato, potasio y magnesio, es esencial durante la primera semana de realimentación, con frecuencia ajustada según la respuesta clínica. El equilibrio de fluidos requiere un manejo cuidadoso, restringiendo típicamente a 20-30 ml/kg/día inicialmente para prevenir la sobrecarga de fluidos. Este enfoque cauteloso es necesario porque la reintroducción rápida de la nutrición puede causar cambios peligrosos en los fluidos y electrolitos a medida que el cuerpo transita de un estado catabólico a anabólico, lo que puede provocar arritmias cardíacas, insuficiencia respiratoria y complicaciones neurológicas si no se maneja adecuadamente 1.
Algunos de los factores de riesgo para desarrollar el síndrome de realimentación incluyen:
- Pérdida de peso significativa
- Ayuno prolongado
- Alcoholismo
- Desnutrición
- Edad avanzada
- Puntuaciones altas de Evaluación de Riesgo Nutricional (NRS-2002)
- Comorbilidades
Es importante tener en cuenta que la prevención y el tratamiento del síndrome de realimentación requieren un enfoque individualizado y una monitorización cuidadosa de los pacientes de alto riesgo. La colaboración con un equipo de apoyo nutricional y la atención médica es fundamental para garantizar el manejo adecuado de estos pacientes. La guía de la ESPEN sobre nutrición hospitalaria 1 y la guía práctica de la ESPEN sobre nutrición clínica en cáncer 1 proporcionan recomendaciones detalladas para el manejo del síndrome de realimentación.
From the Research
Enfoque de manejo para el Síndrome de Realimentación
El Síndrome de Realimentación (SR) es una condición potencialmente mortal que puede ocurrir en pacientes desnutridos que son realimentados de manera abrupta. El enfoque de manejo para el SR incluye:
- Identificar y gestionar adecuadamente a los pacientes en riesgo 2, 3, 4, 5, 6
- Proporcionar una ingesta calórica gradual y progresiva 3, 4, 5
- Monitorear estrechamente los niveles de electrolitos, como potasio, fosfato y magnesio 2, 3, 4, 5, 6
- Proporcionar suplementos de vitaminas y minerales, como tiamina, para corregir cualquier desequilibrio 3, 4, 5, 6
- Realizar una rehidratación cuidadosa y gradual 4, 5
Prevención del Síndrome de Realimentación
La prevención del SR es crucial para evitar complicaciones graves. Algunas medidas preventivas incluyen:
- Identificar a los pacientes en riesgo de SR antes de iniciar la realimentación 2, 3, 4, 5, 6
- Proporcionar una ingesta calórica inicial baja y aumentarla gradualmente 2, 3, 4, 5
- Monitorear estrechamente los niveles de electrolitos y corregir cualquier desequilibrio 2, 3, 4, 5, 6
- Proporcionar suplementos de vitaminas y minerales para prevenir deficiencias 3, 4, 5, 6
Consideraciones clínicas
Es importante tener en cuenta que el SR puede ocurrir en pacientes de cualquier edad, incluyendo niños y adultos 2, 3, 4, 5, 6. Los pacientes con desnutrición severa, como aquellos con cáncer, enfermedades gastrointestinales o trastornos alimentarios, están en mayor riesgo de desarrollar SR 2, 3, 4, 5, 6. Un enfoque de manejo cuidadoso y proactivo puede ayudar a prevenir complicaciones graves y mejorar los resultados clínicos en pacientes con SR.