Manejo de la Hipertensión Arterial en Ancianos
El tratamiento de la hipertensión arterial en ancianos debe incluir modificaciones del estilo de vida y terapia farmacológica con una meta de presión arterial sistólica <140 mmHg para pacientes menores de 79 años y entre 140-145 mmHg para aquellos de 80 años o más, si es tolerada. 1
Objetivos de presión arterial según edad
- Pacientes de 65-79 años: Meta de presión arterial sistólica <140 mmHg 1
- Pacientes ≥80 años: Meta de presión arterial sistólica 140-145 mmHg, si es tolerada 1
- Precaución: Evitar reducción excesiva de la presión diastólica por debajo de 70-75 mmHg en ancianos con enfermedad coronaria 1
Modificaciones del estilo de vida
Las intervenciones no farmacológicas son fundamentales como terapia inicial, especialmente en ancianos, y pueden reducir o evitar la necesidad de medicamentos 1:
- Reducción del peso corporal excesivo
- Disminución del estrés mental
- Reducción de la ingesta de sodio y alcohol
- Cesación del tabaquismo
- Adopción de la dieta DASH (rica en frutas, verduras y productos lácteos bajos en grasa)
- Aumento de la actividad física
Es importante destacar que la reducción de peso y la restricción de sodio suelen tener efectos más pronunciados en ancianos que en adultos jóvenes 1.
Terapia farmacológica
Clases de medicamentos recomendados
Cinco clases principales de antihipertensivos han demostrado reducir eventos cardiovasculares en ancianos 1:
- Diuréticos (especialmente tiazídicos o similares a tiazidas)
- Bloqueadores beta-adrenérgicos
- Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA)
- Bloqueadores de los receptores de angiotensina (BRA)
- Bloqueadores de los canales de calcio (BCC)
Recomendaciones para la selección de fármacos
- Primera línea para mayoría de ancianos: Diuréticos tiazídicos o similares a tiazidas, BCC dihidropiridínicos de acción prolongada, o su combinación 2, 3
- Para pacientes con comorbilidades específicas: La elección debe basarse en eficacia, tolerabilidad y presencia de condiciones específicas 1
- Aproximadamente dos tercios de los ancianos hipertensos: Requerirán dos o más fármacos para alcanzar los objetivos de presión arterial 1
Consideraciones para la dosificación
- Iniciar con dosis más bajas e incrementar gradualmente según tolerancia 1
- Considerar cambios relacionados con la edad en absorción, distribución, metabolismo y excreción de fármacos 1
- La terapia combinada permite usar dosis individuales más bajas, minimizando efectos secundarios dependientes de la dosis 1
Monitorización y seguimiento
- Vigilar la presencia de hipotensión ortostática, aunque estudios recientes sugieren que el tratamiento intensivo puede no aumentar este riesgo 1
- La hipotensión ortostática asintomática no debe desencadenar automáticamente una reducción de la terapia 1
- Monitorizar electrolitos y función renal, especialmente al usar diuréticos, IECA o BRA 2
Situaciones especiales
Hipertensión sistólica aislada
- Común en ancianos debido al aumento de la rigidez arterial 3, 4
- Los BCC dihidropiridínicos y diuréticos tiazídicos son particularmente efectivos 3
Pacientes frágiles o con múltiples comorbilidades
- Mayor riesgo de efectos adversos con tratamiento intensivo 5
- Considerar un enfoque más conservador en pacientes con:
- Fragilidad moderada a severa
- Deterioro cognitivo o limitaciones funcionales
- Presión arterial lábil o historia de hipotensión ortostática
- Esperanza de vida <12 meses 5
Advertencias y precauciones
- Evitar el uso concomitante de antiinflamatorios no esteroideos que pueden reducir el efecto antihipertensivo 6
- Vigilar interacciones medicamentosas, especialmente relevante en ancianos con polifarmacia 7
- Evitar la combinación de dos bloqueadores del sistema renina-angiotensina (IECA + BRA) 2
- Evitar la combinación de betabloqueantes y diuréticos tiazídicos por mayor riesgo de diabetes 2
La hipertensión arterial en ancianos representa un desafío terapéutico importante que requiere un equilibrio entre la reducción del riesgo cardiovascular y la prevención de efectos adversos. El tratamiento adecuado reduce significativamente la morbimortalidad cardiovascular, incluso en pacientes de edad muy avanzada 1, 4.