From the Research
Para pacientes con glomerulopatía por IgA, se recomienda una ingesta proteica de 0,8-1,0 g/kg de peso corporal ideal por día para aquellos con función renal normal o ligeramente reducida (GFR >60 ml/min). La ingesta proteica debe ser de alto valor biológico, con al menos 50% proveniente de fuentes animales para garantizar una ingesta adecuada de aminoácidos esenciales. La restricción proteica debe acompañarse siempre de una ingesta calórica adecuada (30-35 kcal/kg/día) para prevenir la malnutrición y el desperdicio muscular. La monitorización regular del estado nutricional es esencial, incluyendo niveles de albúmina sérica, medidas antropométricas y evaluación global subjetiva. La razón detrás de la restricción proteica es reducir la presión intraglomerular y la hiperfiltración, disminuir la proteinuria y potencialmente frenar la progresión del daño renal. Sin embargo, las dietas demasiado restrictivas pueden llevar a la malnutrición, por lo que la individualización basada en el estado clínico del paciente, el grado de proteinuria, la función renal y el estado nutricional es crucial. Las modificaciones dietéticas deben implementarse bajo la supervisión de un nefrólogo y un dietista renal, según se menciona en 1. Es importante tener en cuenta que la evidencia más reciente y de alta calidad, como la publicada en 1 y 2, sugiere que la terapia con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE) y antagonistas del receptor de angiotensina II (ARB) puede ser beneficiosa en pacientes con glomerulopatía por IgA, y que la adición de otros medicamentos como los inhibidores del cotransportador de glucosa-sodio 2 (SGLT2) y los agonistas del receptor de glucagon-like 1 (GLP1-RA) puede tener efectos anti-proteinúricos adicionales. Sin embargo, es fundamental considerar las características individuales de cada paciente y su respuesta a los tratamientos para determinar la mejor estrategia terapéutica, como se destaca en 2.